Home Office, la apuesta de las nuevas generaciones. Parte II: Lo malo


En El Salvador, el trabajo remoto comenzó a tomar auge gracias a la industria de los Call Centers, conocido también como economía cuaternaria que, por definición, son aquellas tecnologías técnicas que no pueden ser mecanizadas (servicios, información, conocimiento, consultoría, investigación, desarrollo y demás). Esta economía, tiene como característica que puede ser tercerizada con facilidad y, a su vez, no requiere de un lugar físico específico para que pueda ser desarrollada de manera exitosa.


En los últimos años, como respuesta a la caída de los mercados, todas las industrias se vieron forzadas a trabajar de manera virtual y/ o híbrida (una combinación entre teletrabajo y trabajo presencial), especialmente aquellas que se denominaron de primera necesidad (usualmente, consumo masivo): alimento, bebida, medicina, comunicación y servicios básicos. El fenómeno pandemia que devastó al mundo desde el 2019 y, del que el mercado comienza a ver normalidad, forzó de imperativamente el desarrollo de nuevas soluciones que, sin lugar a duda, ahora son más latentes que nunca.


El ”Home Office” se convirtió, entonces, en una herramienta vital e imprescindible más que secundaria en la que el mercado y la industria demostró que muchas operaciones y funciones no requieren de una presencia física permanente en una oficina, sino más bien, intermitente. Sin embargo, este fenómeno, al igual que todo desarrollo, no se vio afectado en su totalidad por beneficios, sino también por elementos que afectaron negativamente a las empresas y sus empleados.

Muchos son los fantasmas que acompañan a esta metodología laboral que ahora vemos en crecimiento, si bien se dieron a conocer sus beneficios en la primera publicación de este segmento, la otra cara de la moneda considera los siguientes factores:

  1. Distracciones impropias de un lugar de trabajo: muchas personas desarrollan entonces sus labores en la comodidad de sus hogares (a veces, incluso, sus habitaciones). Tratándose pues de un ambiente no propicio para el desarrollo de labores, es natural tener distracciones propias del hogar (mascotas, hijos, electrodomésticos, vecinos, y otros).

  2. Aislamiento social. Para algunas personas, en especial para los extranjeros, el trabajo presencial presenta una manera de socializar y de construcción de relaciones sociales necesarias; para estos grupos, el teletrabajo puede ser causa de estrés emocional debido al aislamiento que supone.

  3. Pérdida de balance trabajo- vida personal. Un elemento bastante importante de poder separar físicamente el ambiente y lugar de trabajo con el de la vida privada se pierde con la práctica remota debido a la integración de ambos lugares. Se vuelve un reto psicológico superior poder separar al individuo de su vida profesional.

  4. Incremento de reuniones. En muchas ocasiones se escucha la broma laboral “esta reunión pudo haber sido un correo electrónico”. Debido al distanciamiento físico entre los colaboradores, las reuniones de seguimiento son cada vez más necesarias pues ahora es imposible cruzar el pasillo y conocer el avance de un proyecto.

  5. Aumento de la carga laboral. Muchos empleados que trabajan en modalidad remota han reportado un incremento significativo de su carga laboral, especialmente aquellas empresas que han reportado bajas de personal por encogimiento de la industria así como pérdidas laborales (ambas por efecto pandemia) en la que se redistribuyó la carga laboral en posiciones ya existentes.

  6. Desbalances estructurales internos y dificulta de desarrollo y crecimiento. Algunos estudios realizados arrojan resultados interesantes en la que las jerarquías necesarias se ven amenazadas por la falta de presencia física. Esto puede verse reflejado en el bajo reconocimiento de logros cuando se carece de una interacción presencial.

Pero, ¿Qué sucede cuando el teletrabajo se convierte en una amenaza laboral? Esto lo abordaremos en nuestra siguiente entrega: "Lo Feo".

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