$5.9 millones para un modelo de asistencia digital en agro en El Salvador
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Proyecto MERIAN: 5,9 millones para apoyo digital en la agricultura salvadoreña
Organismos internacionales invertirán más de 5,9 millones de dólares en El Salvador para un modelo de asistencia técnica digital en el sector agropecuario, dentro del proyecto MERIAN, ejecutado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). La financiación proviene principalmente de la Unión Europea (más de 5,7 millones) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) contribuye con 230.000 dólares.
El modelo beneficiará a unos 150.000 productores, con énfasis en jóvenes y mujeres rurales, y cuenta con el apoyo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Jorge Samaniego, representante de la FAO, destacó el fortalecimiento de capacidades nacionales, la alfabetización digital y la innovación tecnológica. Óscar Domínguez, viceministro del MAG, señaló que MERIAN incorpora plataformas y aplicaciones digitales para ampliar la cobertura y mejorar la asistencia técnica.
La iniciativa también fortalece el trabajo del Centro Nacional de Tecnología Agraria y Forestal (CENTA), fomenta formación especializada y el uso de tecnologías amigables con el medio ambiente, y creará un Centro de Atención para consultas sobre plagas, fertilización y otros temas productivos. Además, la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) actualizará su oferta formativa con un enfoque innovador para una agricultura más eficiente y sostenible.
Según el informe MYPE 2025, el sector agropecuario es el más rezagado tecnológicamente: 43,8 % de los productores no usa tecnología y 61,9 % solo accede a internet mediante datos móviles con baja velocidad. El costo mínimo de conexión (40–50 dólares al mes) es inaccesible para la mayoría. Además, 46,4 % percibe la tecnología como ajena a su realidad productiva, lo que dificulta la digitalización. El informe resalta la necesidad de una estrategia de banda ancha rural para integrar a las microempresas agropecuarias en el uso de tecnologías productivas.
FUENTE: El Economista






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